A INTERVALOS

Cuando escribo

¡Feliz Año Nuevo!


Portada: 31 de diciembre de 1938.
Estas son algunas de las mejores portadas de fin de año de la revista semanal norteamericana The New Yorker,  que publica críticas, ensayos, reportajes de investigación y ficción. Esta publicación es conocida por la calidad de sus escritores, su carácter cosmopolita y el ingenio de sus famosas viñetas. Además, a mediados del siglo XX popularizó el relato corto como forma literaria.


Fin de año de 1988
1 de enero de 1990
31 de diciembre de 1990
31 de diciembre de 1966
Fin de año de 1986

¡Feliz Navidad!


“Merry Christmas Grandma. . . We Came in Our New Plymouth!” (1950).  

Nada más acorde con el espíritu del 25 de diciembre que desearle Feliz Navidad a la abuelita, venga uno o no en su nuevo coche Plymouth. 

Este anuncio navideño fue publicado en la revista Life el 25 de diciembre de 1950. La pieza es obra del ilustrador estadounidense Norman Rockwell por encargo de la marca de automóviles Plymouth, los coches con motor de 4 cilindros fabricados por Walter Chrysler.

Consejos para escritores (P. D. James)

«El primero es leer mucho, no para copiar el estilo de otro sino para aprender a reconocer y apreciar una buena redacción y para ver cómo otros escritores consiguen el resultado. La mala redacción, por desgracia, es contagiosa y debería evitarse el contacto con ella. Practicar la escritura en todas sus formas; el oficio se aprende practicando, no hablando de él. A algunas personas les ayudan los cursos de escritura o los círculos de escritores, pero no son para todo el mundo. Aumentar el vocabulario; la materia prima del escritor son las palabras y, cuantas más tengamos a nuestra disposición y podamos usarlas con efectividad y seguridad, mejor. Agradecer toda experiencia. Eso significa vivir la vida con todos los sentidos alerta: observar, sentir, relacionarse con otras personas. Nada de lo que le pasa a un escritor cae en saco roto».
P. D. James. La hora de la verdad (Un año de mi vida) , “Ensayo”, Barcelona, Bruguera, 2008.
  
"La hora de la verdad (Un año en mi vida)" es una autobiografía escrita como un diario en la que P. D. James se vale de flashbacks para darle forma a sus recuerdos. Entre imágenes de su infancia en la Inglaterra devastada por la Primera Guerra Mundial y alusiones a su vida cotidiana, la autora explora las señas de identidad de su particular estilo literario, así como su visión de la novela policíaca desde el siglo XIX hasta la actualidad.

La escritora británica de novelas policíacas, Phyllis Dorothy James, publicó su primera novela en 1962, a los 42 años. La obra, "Cover her face" (Cubridle el rostro), fue aceptada por el primer editor al que la envió. Pese a sus comienzos relativamente tardíos, su popularidad y la de su detective, Adam Dalgliesh, creció como la espuma en poco tiempo. P.D. James es autora de veinte títulos, muchos de los cuales han sido adaptados al cine o a la televisión. Su trabajo ha sido reconocido con las siguientes distinciones:
    *International Crime Writing Hall of Fame 2008 
    *Grand Master Award from Mystery Writers of America, 1999 
    *Diamond Dagger from British Crime Writers' Association, 1987

    Tal vez, por centrarse en el crimen como tema de sus novelas (a excepción de la futurista "The Children of Men", 1992), P.D. James gozó de cierta ambigüedad en sus comienzos. "Es curioso que muchos críticos dieran por sentado que yo era un hombre. A menudo me preguntan, después de pedirme un autógrafo, si he escogido escribir bajo el nombre de P. D. James a propósito para ocultar mi sexo. Algunos dan por supuesto que considero una ventaja el que se me confunda con un hombre. La verdad es que esa idea jamás ha pasado por mi cabeza".


    En su página oficial, P.D. James imparte algunos consejos imprescindibles sobre cómo escribir una buena novela de misterio, tales como:
      1. Centra tu misterio. Debe haber un misterio, no importa cuál sea, en el corazón de la novela. Para ello también es importante la estructura, lo que supone conocer el final del misterio antes de comenzar a escribir. Así no se ensucia la trama con interrogantes anodinos que no conducen a nada.
      2. Estudia la realidad. Debes enfrentarte a la vida con todos tus sentidos abiertos a nuevas experiencias (buenas o malas). Siente empatía con otras personas y considera que nada de lo que le ocurra a un verdadero escritor se malgasta.
      3. Crea personajes irresistibles. Debes conseguir que sean más que meros estereotipos. Los personajes tienen que ser seres humanos reales, cada uno de los cuales cobra vida para el lector.
      4. Investiga, investiga, investiga. Además de prestar atención a la vida real, gran parte del trabajo del escritor es investigar. Muchas veces, ésta es la manera de hacer a tus personajes reales (averiguando los hechos que ellos normalmente sabrían). P.D. James hace sus investigaciones personalmente y normalmente le lleva meses.
      5. Sigue la regla del "juego limpio". James se asegura que la información que sabe el detective esté disponible para el lector. Al final del libro, el lector debe haber sido capaz de llegar a la solución del misterio a través de pistas insertadas en la trama.
      6. ¡Lee! Es imprescindible leer para poder escribir. Hazlo valiéndote de tus autores favoritos. Lee prosa de calidad y aprende de ella. Trata siempre de enriquecer tu vocabulario a través de la lectura. No quiere decir que uses expresiones complejas o pretenciosas, pero sí que dispongas de las palabras exactas y apropiadas para cada frase.
      7. ... y escribe. No pienses que estás bloqueado. Usa tu tiempo entre inspiración e inspiración sabiamente y practica escribiendo piezas breves.
      8. Sigue el programa. El éxito recae en tratar la escritura como un trabajo programado con un calendario (cualquiera que sea el programa a seguir). Sólo asegúrate que tienes un método y síguelo.

      Fahrenheit 451 (Ray Bradbury)

      “- El petróleo- dijo Montag, porque el silencio se prolongaba- es como perfume para mí.
      - ¿De veras le parece eso?”
      (cita de “Fahrenheit 451”,1953. Ray Bradbury)

      Fahrenheit 451 es una novela de 1953, obra del escritor estadounidense Ray Bradbury, que suele describirse como un modelo de distopía, ya que presenta una sociedad futura sumida en la levedad de lo fatuo. El título hace referencia a la temperatura en grados Fahrenheit a la que arde el papel, puesto que esta ficción catastrofista nos traslada a un futuro no muy lejano en el que la lectura está proscrita y aquel que posee un libro recibe la desagradable visita de los bomberos para prenderle fuego al ejemplar. No obstante, la obra no se limita a centrarse en la destrucción de los libros, sino que también critica el consumismo, el aislamiento de los individuos en las sociedades contemporáneas, la apología de la mediocridad, el control social por parte del estado y la sinrazón de las guerras. Así, página tras página la trama de la novela va desvelando que la crítica de Bradbury es, en realidad, más amplia y profunda que lo que el título sugiere.

      “No son libros lo que usted necesita, sino alguna de las cosas que en un tiempo estuvieron en los libros. El mismo detalle infinito y las mismas enseñanzas podrían ser proyectados a través de radios y televisores, pero no lo son. No, no: no son libros lo que usted está buscando. Búsquelo donde pueda encontrarlo, en viejo discos, en viejas películas y en viejos amigos; búsquelo en la Naturaleza y búsquelo por sí mismo.”
      (cita de “Fahrenheit 451”,1953. Ray Bradbury)

      PERSONAJES:
      Guy Montag: bombero protagonista de la historia.
      Mildred: esposa de Montag.
      Clarise McClellan: vecina de 16 años que junto a su familia lleva una vida bohemia (conversan, pasean, disfrutan de la naturaleza).
      Beatty: capitán de bomberos.
      Faber: antiguo profesor de literatura.
      El sabueso: perro robótico.
      Granger: miembro de la resistencia que, junto a otros, lleva una vida nómada en las afueras de la ciudad, más allá de las vías abandonadas del tren.

      SINOPSIS:
      En una sociedad en la que la lectura está prohibida, Guy Montag  pertenece al cuerpo de bomberos, cuya misión es quemar los libros de los pocos insurrectos. Por extraño que resulte ese hecho, parece que el cometido de los bomberos siempre ha sido generar incendios y no extinguirlos, al más puro estilo de “Eurasia siempre ha estado en guerra con Oceanía” (George Orwell, “1984”). Con su lanzallamas, los bomberos prenden fuego a las casas ignífugas para acabar con cualquier vestigio de cultura.

      “-Es un buen trabajo. El lunes quema a Millay, el miércoles a Whitman, el viernes a Faulkner, convirtiéndolos en cenizas y, luego, quema las cenizas. Este es nuestro lema oficial.”
      (cita de “Fahrenheit 451”,1953. Ray Bradbury)

      A pesar de distinguirse con la insignia de la salamandra anaranjada y el casco con el número 451, Montag no es como los otros. Poco a poco nos deja ver que en su interior lucha con otro “yo”. Sus conversaciones con su joven vecina, Clarisse McClellan, precipitan su caída hacia el lado de los insumisos. De hecho, Montag  lleva tiempo ocultando libros en su propia casa para salvarlos de las llamas. Ni siquiera el miedo de que el capitán de bomberos, Beatty, se dé cuenta de lo que está haciendo logra detenerle. Y es que Montag sospecha que existe algo más allá que la vida opiácea, el culto al ocio y las paredes-televisión con sus “familiares”frente a las que se pasa el día su esposa, Mildred, en actitud suicida.

      “Anoche estuve meditando sobre el petróleo que he usado en los últimos diez años. Y también sobre los libros. Y, por primera vez, me di cuenta de que había un hombre detrás de cada uno de ellos. Un hombre tuvo que haberlo ideado. Un hombre tuvo que emplear mucho tiempo en trasladarlo al papel. Y ni siquiera se me había ocurrido esto hasta ahora.”
      (cita de “Fahrenheit 451”,1953. Ray Bradbury)

      Esa es la razón que le impulsa a ir en busca de Faber, un viejo profesor de literatura que trata de pasar desapercibido. El bombero le necesita para que le haga de guía a través de ese mundo de libros que es nuevo para él. Pero Faber tiene demasiado miedo y Montag está demasiado hastiado de la superficialidad circundante como para proteger sus huellas. El sabueso electrónico huele su insumisión desde hace mucho y también lo sospecha el capitán Beatty, la personificación del control social del estado a través de la frivolidad.


      “Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado, o cuánto maíz produjo Iowa el año pasado. Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos ‘hechos’ que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía.”
      (cita de “Fahrenheit 451”,1953. Ray Bradbury)

      Cuando Montag se ve forzado a escapar, dejando atrás la ciudad para adentrarse en la pura naturaleza, la guerra ha estallado. Mientras la gente se ocupa de toda clase de cosas intrascendentes, la propia futilidad del sistema les conduce hacia la autodestrucción. El bombero se encuentra entonces con Granger y otros rebeldes que llevan en su memoria los pilares en forma de libros con los que ha de construirse un nuevo mundo, mejor que el anterior.

      AUTOR:
      Ray Bradbury (1920-2012) se consideraba a sí mismo un “narrador de cuentos morales”, especialmente en el ámbito de la fantasía. Él mismo declaró que Fahrenheit 451 era su única obra que podía encuadrarse completamente en el ámbito de la ciencia-ficción.

      Con esta novela, Bradbury pretendía criticar la censura que en la era de Joseph McCarthy se vivía en literatura norteamericana. También se inspiró en la quema de libros que tuvo lugar en Alemania durante el nazismo, así como en el lanzamiento de las bombas nucleares en las ciudades de Hiroshima y Nagashaki.


      Su abierto talante crítico hizo que Fahrenheit 451 tuviera que publicarse por primera vez en fascículos en la revista Playboy. A pesar de sus humildes comienzos, nada pudo impedir que esta novela se transformara en un libro de culto y en una de las obras más representativas de su autor. La estima en la que Radbury tuvo la obra se pone de manifiesto en las palabras que, a petición suya, figuran en su lápida: “Ray Bradbury. 1920. Autor de Fahrenheit451”.

      CONCLUSIÓN:
      A Fahrenheit 451 no se le puede negar su cualidad de visionaria de ciertos elementos que en la época en que fue escrita estaban lejos de concebirse y que ahora se han hecho realidad. Pero, sin quitarle un ápice de originalidad, en sus páginas a veces parece latir una crítica a todo lo relacionado con el progreso (algo que se manifiesta en la idealización del autor del estado de naturaleza en contraposición a la sociedad).

      También destacaría que la distopía que nos presenta Bradbury no es más que un punto de vista de ese declive eterno de la humanidad que debió comenzar allá por el Pleistoceno. Yo imagino a uno de los primeros Sapiens sentado sobre una roca diciéndole a otro: “¡Dioses, es el fin del mundo! Parece que en la cueva de al lado hay un tipo con la cara pintada con extraños símbolos”. Puestos a quejarnos de los cambios, podríamos optar por el clásico “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Así, la incertidumbre ante un futuro apocalíptico nos llevaría a dar un paso firme (pero un paso atrás).

      No obstante, comparto la crítica general de Bradbury acerca del ocio vano como técnica de control de las masas por parte de los estados. Es una lástima que no esté más ampliamente desarrollada en la trama, ni en los personajes, cuya consistencia y motivaciones son algo más que dudosas.

      La destrucción de la guerra nos deja curiosamente con unfinal feliz, uno en el que esa sociedad corrupta se destruye a sí misma para autorregularse, como es propio de cualquier sistema caótico. La tesis es que el mundo recobrará su profundidad (rescatándola de las letras del pasado) y para ello cuenta con una resistencia que custodia lo que fuimos y lo que supimos. La  sociedad ha de salir reforzada y resurgir de las cenizas, como el ave Fénix (alusión que hace el propio autor en la novela). En este punto sobra un poco de esas memorias prodigiosas y se echa en falta algo más de creación.


      CINE: 
      François Truffaut llevó Fahrenheit 451 al cine en 1966 en una versión con ciertas licencias (incluido un triángulo amoroso que es ajeno al libro).