Henri Matisse y la Sensualidad de Oriente

1 de noviembre de 2011

La rodilla levantada (1922), Barnes Foundation.
El maestro del color impregnó de notas de sutil voluptuosidad a sus famosas odaliscas allá por los años 20 del pasado siglo. La primera impresión es que la grácil sofisticación de sus modelos intimida al espectador y a la vez lo sumerge en un universo exótico que pareciera extraído de “Las mil y una noches”. La mano de uno de los indudables genios del siglo XX supo crear contextos y situaciones que se dirían huidas de una imaginación febril que todo lo viste con pinceladas de intensos colores. La disciplina de los pinceles de Henri Matisse sigue el orden estricto de la libertad y esa es la razón del intenso magnetismo que despiertan estas obras. Las siguientes son algunas de mis favoritas.

Dos odaliscas (1928).
Odalisca y butaca turca (1927-28).

El gran desnudo gris (1929).

Odalisca sentada (1928).

Desnudo recostado (1927).
Odalisca, Armonía en rojo (1926-7).
Odalisca sentada (1926).

Odalisca con pandereta (1925-6), MOMA, Nueva York.
Odalisca con pantalón gris (1925), Musée de l'Orangerie, París.
Odalisca con magnolias (1923).

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