El Coronel no tiene Quien le Escriba (Gabriel García Márquez)

7 de diciembre de 2011

         “El coronel destapó el tarro de café y comprobó que no había más de una cucharadita. Retiró la olla del fogón, vertió la mitad del agua en el piso de tierra, y con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre la olla hasta cuando se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata.
         Mientras esperaba a que hirviera la infusión, sentado junto a la hornilla de barro cocido en una actitud confiada e inocente expectativa, el coronel experimentó la sensación de nacían hongos y lirios venenosos en sus tripas. Era octubre. Una mañana difícil de sortear, aún para un hombre como él que había sobrevivido a tantas mañanas como esa, durante cincuenta y seis años —desde cuando terminó la última guerra civil— el coronel no había hecho nada distinto de esperar. Octubre era una de las pocas cosas que llegaban.
         Su esposa levantó el mosquitero cuando lo vio entrar al dormitorio con el café. Esa noche había sufrido una crisis de asma y ahora atravesaba por un estado de sopor. Pero se incorporóa para recibir la taza.
         —Y tú —dijo.
         —Ya tomé —mintió el coronel—. Todavía quedaba una cucharada grande.”
(cita de "El coronel no tiene quien le escriba", 1961, Gabriel García Márquez)




Esta obra de 1961 está impregnada de la intensa ternura que aflora de su personaje principal. De hecho, la figura del coronel personifica la metáfora de la angustiosa espera que resulta de aguardar eternamente la llegada de una carta. Esta breve novela despliega su entrañable encanto sin artificios y sin apenas un ápice del realismo mágico tan característico de Gabriel García Márquez. La arquitectura de las palabras del extraordinario autor colombiano construye un paisaje desolador, que es uno de los elementos que hace más real, sincera y cercana a la obra.


SINOPSIS: La trama se tiñe de melancolía y desesperación desde el primer momento, desde que en un frío viernes de octubre el coronel se prepara para asistir a un funeral. En la humilde casa que comparte con su esposa, que sufre asma, todo recuerda a la desolación, la decadencia y hasta a la muerte del hijo de la pareja, Agustín, acribillado a balazos mientras repartía propaganda clandestina. El coronel se ve arrastrado por la inercia de una vida ingrata que parece negarle hasta el mínimo consuelo de recibir la carta concediéndole una pensión prometida quince años atrás por participar en la Guerra de los Mil Días, una carta que espera en el puerto cada viernes y que no llega nunca. El último resquicio de su marchita esperanza está representado por un gallo de pelea, al que alimenta con sus cada vez más exiguos recursos. Las escasas pertenencias de la casa son sacrificadas para sostener al animal, que ha de sobrevivir hasta el mes de marzo, en el que se celebrará la pelea. Este titánico plan se torna cada vez más utópico, como si su sensatez de desvaneciera en el mar de la miseria en la que los protagonistas viven y quedara relegado a una ilusión imposible, que es cuanto le queda al coronel cuando ya no le queda nada.

En 1999 "El coronel no tiene quien le escriba" fue llevado al cine por el director mexicano Arturo Ripstein, con las actuaciones de Fernando Luján, Marisa Paredes y Salma Hayek.









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