A INTERVALOS

Cuando escribo

Elogio de la Madrastra (Mario Vargas Llosa)

"Me gusta fornicar y, en cierto sentido, diría que soy un voluptuoso. Es verdad que a menudo experimento fiascos o la humillante eyaculación precoz. Pero, otras veces, tengo orgasmos prolongados y repetidos que me dan la sensación de ser aéreo y radiante como el arcángel Gabriel. La repugnancia que inspiro a mis amantes se troca en atracción, e incluso en delirio, una vez que –con ayuda del alcohol o la droga casi siempre– vencen la prevención inicial y aceptan trenzarse conmigo sobre una cama. Las mujeres llegan a amarme, incluso, y los chicos a enviciarse con mi fealdad."
(cita de "Elogio de la madrastra", 1988, Mario Vargas Llosa)


“Elogio de la madrastra” es una novela erótica de 1988 obra de la incomparable pluma del Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa. Dentro de la colección “La sonrisa vertical” este libro destaca por su profundidad, su esencia seductora y por estar dotado de una sutil perversidad.

“Al principio, no me verás ni entenderás pero tienes que tener paciencia y mirar. Con perseverancia y sin prejuicios, con libertad y con deseo, mirar. Con la fantasía desplegada y el sexo predispuesto – de preferencia, en ristre- mirar.”
(cita de "Elogio de la madrastra", 1988, Mario Vargas Llosa)


SINOPSIS: Lucrecia y Rigoberto, matrimonio en segundas nupcias, nos introducen en sus íntimos placeres sexuales de cada día en los que vencen la rutina invocando a los espectros de amantes  históricos o incluso a personajes voluptuosos que escapan de cuadros abstractos. La refinada prosa de Vargas Llosa se despliega libremente en estos episodios imaginarios para llevarnos al exquisito universo sensorial que emerge del acto sexual. Pero no es ésta la parte más erótica de la novela, sino la que describe las relaciones entre Lucrecia y Fonchito, el hijo de Don Rigoberto. El cariz de los sentimientos entre la madrastra y el angelical niño está teñido del irresistible encanto de lo prohibido, navegando siempre entre el tabú de la pedofilia y el del incesto. Esta pequeña-gran novela reserva además un final de lo más inesperado que aparece de la mano del maestro peruano cuando ya estamos absolutamente convencidos de que la narración nos lleva a una reflexión crítica acerca de la pérdida de la inocencia.
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El canto de la Morena

Las morenas pueden ser muy pacíficas, pero si se sienten acorraladas se convierten en animales terroríficos con solo abrir las fauces y mostrar su poderosa mandíbula con doble hilera de dientes (al más puro estilo "alien").


En Canarias, las seducimos mediante un canto, como hicieron las sirenas con Ulises. Consiste en una tonada repetitiva acompañada por silbos que tienen por finalidad atraer a la morena y dejarla aletargada para poderla pescar. Las palabras varían de una isla a otra, pero en casi todas se suele utilizar la fórmula: "Jo, Morenita...Jooo", así como: "ven morenita pintada, que viene el macho y te come la carnada". El origen histórico del canto se halla en el Mediterráneo, posiblemente en la antigua Grecia. Aunque no las pescaban cantando, también los romanos sentían auténtica devoción por la exquisita carne de estos peces. Plinio El viejo cuenta en su “Historia Natural” que a los condenados a muerte los arrojaban al vivero de las morenas para propiciar su excelente sabor. También relata que, por la afición a este manjar, el cónsul Lucio Licinio llegó a cambiar su “apellido” por el de Murena.


El canto de la morena es también el título de una composición musical que forma parte del trabajo que en 1998 presentó el grupo canario ARTENARA. Esta nutrida alianza entre creadores y artistas funde magistralmente material sonoro y visual que hunde sus raíces en las tradiciones canarias y tiende un puente hacia el futuro. El siguiente vídeo combina la armoniosa música de ARTENARA con el canto hipnótico de uno de esos ya casi míticos pescadores de morenas que aún quedan en las islas Canarias.


Mujeres de Modigliani

A Modigliani le persigue una fama inclemente de borracho, de mujeriego incorregible y hasta de depravado. Decían que la bebida le sacaba de su natural carácter tímido para convertirle en un ser abominable y violento. Su salud se vio con frecuencia quebrantada por estos excesos que le cobraron una factura elevada que hubo de pagar con su propia vida a los 36 años.


 El éxito no le llegó sino después de su muerte, ya que en vida más bien fue célebre por sus numerosos escándalos o por la clausura de sus exposiciones  por “indecencia” (como ocurrió con la de 1917) o por el caso de su obra “La Rêveuse” que la policía parisina obligó al galerista Berthe Weil a retirar de la muestra por considerarla obscena y "peligrosa" debido a  su carga erótica y sexual.




Sin embargo, su genialidad nunca quedó enturbiada por sus vicios y así lo demuestra en sus actualmente cotizados desnudos femeninos. “En 1917, coincidiendo con la madurez de su obra, Modigliani emprendió a requerimiento de su amigo y nuevo marchante, Léopold Zborowski, su popular serie de desnudos recostados. Zborowski pensaba satisfacer con ella la demanda de los coleccionistas más audaces. Modigliani recurrió en ellas al ejemplo del arte del pasado -desde la Venus de Giorgione hasta la Maja desnuda de Goya-, aplanando el cuerpo femenino a la manera iniciada por Ingres y culminada por Picasso. Pero por encima de todo fue su carga erótica, acorde con la libertad sexual del Montparnasse de los años diez, la que escandalizó a cuantos las contemplaron." (de la exposición “Modiglianiy su tiempo” del Museo Thyssen-Bornemisza).





Melancolía (2011)

Con una sinceridad poética, “Melancolía” expone los rituales vacíos a los que llamamos “realidad” y nos enfrenta a las eternas cuestiones de nuestra extinción y de si estamos solos en el universo.

Título original: "Melancholia".
Género: Drama. Ciencia-Ficción.
Duración: 138 minutos.
Estreno en España: 4 de noviembre de 2011.
Director: Lars Von Trier
Guión: Lars Von Trier
Actores: Kirsten Dunst, Charlotte Gainsbourg, Kiefer Sutherland, Alexander Skarsgård.
Puntuación: 7.5/10 en IMDB.

Íntima, visualmente mágica y sutilmente asombrosa, esta danza de la muerte tiñe la realidad de una fantasía nítida. Von Trier nos deja un extenso margen para leer entre líneas, una libertad que magnifica la belleza hipnótica de las imágenes de la película. El espléndido guión hace un demoledor análisis social y se introduce paulatinamente en los ocultos laberintos de la psique de los personajes. La fotografía dota a sus escenas de un halo pictórico atemporal y viene idealmente acompañada por una banda sonora emotivamente poderosa que sobrecoge.


Dividida en dos partes que asumen el punto de vista de sus dos protagonistas, las hermanas Justine (Kirsten Dunst) y Claire (Charlotte Gainsbourg), la película poco a poco nos sumerge sin dramas forzados ni artificiales heroísmos en la angustia de encarar el fin del mundo a causa del planeta “Melancolía” que se dirige contra La Tierra. Esta circunstancia aparentemente imposible va tomando gradualmente cuerpo mientras la vida cotidiana de los personajes se desenvuelve según sus cauces habituales. Precisamente esta es la razón de que la cinta comience con la boda de Justine y Michael (Alexander Skarsgård). Ante el inminente final, cada uno de los personajes se dejará llevar por sus instintos que les impulsarán hacia un deseo incontenible, un cientificismo meticuloso o un terror desesperado.
Especial mención merece la extraordinaria actuación de Kirsten Dunst que da forma a un personaje que evoluciona minuto a minuto en la historia. Justine, comienza siendo una novia enamorada que disfruta de su boda de cuento de hadas para pasar en cuestión de horas a un estado de incomprensible abatimiento. Y es que la joven está seducida por una fuerza más poderosa que ella misma y desde el principio ya se ha rendido a su poderoso influjo. Con apenas fuerzas para andar, Justine se deja embelesar por ese perturbador amante que la invoca desde el cielo en una suerte de apasionado romance.

Sus detractores posiblemente sospechen que esta película se parece demasiado a la vida, con todas sus pausas y sus múltiples realidades que chocan unas contra otras por efecto de nuestras dispares percepciones. Comienza con una boda, un acontecimiento social que representa la cultura humana de nuestro tiempo, y en la que los asistentes, organizadores y protagonistas asumen unos roles tan arraigados en nuestra sociedad que no resulta difícil reconocer en ellos a personas que nos son cercanas o incluso a nosotros mismos. Von Trier escoge a apenas un puñado de personajes para hacernos ver que cuando el mundo está al borde de su extinción todavía persisten unos cauces culturales que guían nuestra conducta y de los que no podemos escapar más que en el instante final en el que se nos permite ser finalmente libres.

Top 20 National Geographic (Foto del Año)

En esta época del año National Geographic organiza su famoso concurso de fotografía para elegir la “foto del año”. Lo habitual es que el ganador sea uno de los mejores fotógrafos del mundo, pero ha habido algunas notables excepciones por lo que se puede decir que en este premio hay espacio para todos.
La tónica es que en el certamen interviene un alto número de participantes que exhiben enormes niveles de talento. En el 2010 fueron más de 16.000 los concursantes procedentes de 130 países. Por si se animan a participar, hay tres categorías: personas, lugares y naturaleza. El jurado de este año está formado por los fotógrafos del “National Geographic Magazine” Tim Laman, Amy Toensing y Peter Essick. El ganador recibirá 10.000 $ y un viaje al cuartel general de National Geographic en Washington D.C. para participar desde dentro en el Seminario de Fotografía de National Geographic en enero de 2012.
Para los que, como yo, nos contentamos con mirar, aquí les dejo estas 20 imágenes. ¿A quién le concederías el primer premio?


















Muerte de un viajante (Arthur Miller)


“Muerte de un viajante” fue galardonada con el Premio Pulitzer en 1949, con tres Premios Tony y con el de la Crítica de Nueva York. Esta obra teatral del escritor y dramaturgo Arthur Miller se presenta como una crítica al sueño americano, pero la complejidad de sus personajes, los ricos matices del diálogo y el trasfondo intenso que escapa de sus palabras la convierten en auténtico libro de referencia. Pese a que han pasado más de 60 años desde que se estrenara por primera vez en el mítico Teatro Morosco (Broadway, 10 de febrero de 1949), dirigida por Elia Kazan, “Muerte de un viajante” se mantiene fresca, incorruptible ante al paso del tiempo. Quizá el intenso magnetismo de su protagonista, el viajante Willy Loman de 63 años, inspirado en una persona real a la que Arthur Miller conoció, tenga mucho que ver con su eterno encanto.

LO MEJOR: Uno de los mayores atractivos de la obra es la capacidad con la que Miller da forma a la trama social en la que se inserta el relato hasta en sus más mínimos elementos. Con habilidad de maestro esculpe el escenario en el que habitan unos personajes que en la marea de sus sueños truncados, sus distorsionados recuerdos del pasado y su hastío ante el presente resultan tangibles.


SINOPSIS: La historia comienza presentándonos al viajante Willy Loman que parece haber disfrutado de su profesión durante muchos años y encara su inminente retiro en un puesto más cómodo en Nueva York mientras se preocupa por el fracaso laboral de su hijo Biff. Y el espectador/lector cree a Willy, quien con las artes propias de su oficio de vendedor tiene un gran poder de convicción. Pero en cuanto nos adentramos un poco más en la trama queda al descubierto que el viajante está arruinado, que nunca será trasladado de puesto, sino despedido, y que vive obsesionado con las riquezas que tienen los demás y de las que él carece. ¿Cómo podría haber logrado algo en la vida si cuanto hace es tejer sueños imposibles? Inexplicablemente tiene una fe inquebrantable en que la fortuna le caerá del cielo sin que él tenga que mover un dedo. Así construye castillos en el aire que se derrumban constantemente y en cuanto se encuentra ante sus escombros se pregunta abatido cómo es que se han hundido tan fácilmente sus sueños. Para enmascarar su insoportable fracaso, el viajante niega la realidad creyéndose sus propias mentiras de forma que, atrapado en la enrevesada red de sus vanas ilusiones, resulta imposible desengañarle.

ESTILO: El estilo de la obra se deja llevar por los delirios de Willy en la forma de esos sueños que se inmiscuyen constantemente en el diálogo a través de recuerdos teñidos de fantasía y de esperanzas con respecto a un porvenir ridículamente ilusorio. Por otro lado, el hecho de que el final de la obra se desvele en el propio título no le resta atractivo al relato, sino que convierte a los espectadores en cómplices del destino del viajante, un destino que desde las primeras líneas del diálogo con sus falsos accidentes de coche resulta evidente para todos salvo para el propio Willy.


WILLY —No puedo más. No puedo más, Linda.
LINDA—¿Dónde has estado lodo el día?
WILLY —He llegado hasta un poco más allá de Yonkers.
Me detuve a tomar una taza de café. Quizá haya sido el café.
LINDA—Haya sido, ¿qué?
WILLY—De pronto, no pude conducir más. El coche se fue para la cuneta...
LINDA—¡Ah! Puede que sea la dirección otra vez. Me pareció que no la habían arreglado bien,
WILLY —No, era yo. Era yo. De pronto, me di cuenta de que iba a más de setenta por hora, y no recuerdo los últimos cinco minutos. Fue como perder el conocimiento...
LINDA—Quizá sean las gafas. No has ido a recoger las nuevas.
WILLY —No. Veo muy bien. He vuelto despacio, a quince por hora... He tardado casi cuatro horas en llegar de Yonkers.
LINDA— Tienes que tomarte una temporada de descanso. No puedes continuar así.
WILLY — Acabo de volver de Florida, de unas vacaciones.
LINDA— Pero es tu cabeza la que no descansa. Tu imaginación no está quieta un momento. Eso es lo malo.
WILLY — Saldré mañana, por la mañana, me encontraré mejor.
LINDA—Toma una aspirina. ¿Quieres que te la traiga? Te aliviará un poco,
WILLY —Iba conduciendo y me sentía bien. Y hasta iba fijándome en el paisaje. ¿Te das cuenta? Admirando el paisaje, cuando me paso en la carretera cada día de mi vida. Pero, ¡era tan hermoso, Linda! Los árboles parecían nuevos, y el sol lo llenaba todo. Abrí el parabrisas, para que me diera el aire templado. Y, de pronto, me encuentro fuera de la carretera. Me olvidé completamente de que iba conduciendo. Si me llego a ir al otro lado de la carretera, hubiera podido matar a alguien. Me recobré, pero cinco minutos después, volví a sentir lo mismo, y casi...
Me vienen unos pensamientos..., unos pensamientos tan extraños...”

Aparte de sus numerosas representaciones teatrales, “Muerte de un viajante” fue llevada al cine por en 1951 dirigida por Laslo Benedek y protagonizada por Fredric March, Mildred Dunnock y Kevin McCarthy.
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El Coronel no tiene Quien le Escriba (Gabriel García Márquez)

         “El coronel destapó el tarro de café y comprobó que no había más de una cucharadita. Retiró la olla del fogón, vertió la mitad del agua en el piso de tierra, y con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre la olla hasta cuando se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata.
         Mientras esperaba a que hirviera la infusión, sentado junto a la hornilla de barro cocido en una actitud confiada e inocente expectativa, el coronel experimentó la sensación de nacían hongos y lirios venenosos en sus tripas. Era octubre. Una mañana difícil de sortear, aún para un hombre como él que había sobrevivido a tantas mañanas como esa, durante cincuenta y seis años —desde cuando terminó la última guerra civil— el coronel no había hecho nada distinto de esperar. Octubre era una de las pocas cosas que llegaban.
         Su esposa levantó el mosquitero cuando lo vio entrar al dormitorio con el café. Esa noche había sufrido una crisis de asma y ahora atravesaba por un estado de sopor. Pero se incorporóa para recibir la taza.
         —Y tú —dijo.
         —Ya tomé —mintió el coronel—. Todavía quedaba una cucharada grande.”
(cita de "El coronel no tiene quien le escriba", 1961, Gabriel García Márquez)
Esta obra de 1961 está impregnada de la intensa ternura que aflora de su personaje principal. De hecho, la figura del coronel personifica la metáfora de la angustiosa espera que resulta de aguardar eternamente la llegada de una carta. Esta breve novela despliega su entrañable encanto sin artificios y sin apenas un ápice del realismo mágico tan característico de Gabriel García Márquez. La arquitectura de las palabras del extraordinario autor colombiano construye un paisaje desolador, que es uno de los elementos que hace más real, sincera y cercana a la obra.


SINOPSIS: La trama se tiñe de melancolía y desesperación desde el primer momento, desde que en un frío viernes de octubre el coronel se prepara para asistir a un funeral. En la humilde casa que comparte con su esposa, que sufre asma, todo recuerda a la desolación, la decadencia y hasta a la muerte del hijo de la pareja, Agustín, acribillado a balazos mientras repartía propaganda clandestina. El coronel se ve arrastrado por la inercia de una vida ingrata que parece negarle hasta el mínimo consuelo de recibir la carta concediéndole una pensión prometida quince años atrás por participar en la Guerra de los Mil Días, una carta que espera en el puerto cada viernes y que no llega nunca. El último resquicio de su marchita esperanza está representado por un gallo de pelea, al que alimenta con sus cada vez más exiguos recursos. Las escasas pertenencias de la casa son sacrificadas para sostener al animal, que ha de sobrevivir hasta el mes de marzo, en el que se celebrará la pelea. Este titánico plan se torna cada vez más utópico, como si su sensatez de desvaneciera en el mar de la miseria en la que los protagonistas viven y quedara relegado a una ilusión imposible, que es cuanto le queda al coronel cuando ya no le queda nada.
En 1999 "El coronel no tiene quien le escriba" fue llevado al cine por el director mexicano Arturo Ripstein, con las actuaciones de Fernando Luján, Marisa Paredes y Salma Hayek.
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David Hettinger, dando Vida a la Imaginación

David Hettinger es un pintor estadounidense que desvela en su obra la magia de la profundidad de la vida cotidiana. Sus pinturas están dotadas de un movimiento sutil, de un mundo interior rico en experiencias, de recuerdos que emergen a la radiante luz de sus pinceladas. Sus retratos no son imágenes detenidas en el tiempo, sino que rescatan momentos de su propia vida. El maestro de Illinois ha recibido diversos premios y reconocimientos en su carrera, ha presentado más de una veintena de exposiciones por todo EE.UU. y ha sido objeto de la atención de publicaciones tan relevantes como “American Artist Magazine”, “The Artist Magazine” e “International Artist”.

La inspiración de sus pinturas se basa en la observación y la experiencia. De hecho, en más de una ocasión ha declarado que no considera sus obras como retratos de personas sino como pinturas que reflejan relaciones personales y momentos de la vida. Sus cuadros parecen llevar al observador más allá del simple instante que captan, no son estáticos sino que fluyen hacia otras situaciones, como si nos ofreciesen el principio de una historia. A mí me tiene cautivada con la luz y la naturalidad de sus lienzos (¿o será que me siento identificada con sus modelos que suelen aparecer con un libro entre las manos?).